¿Para qué dejas, olvidado Eneas,
la espada a Elisa, fugitivo amante?
carga tu nave prófuga y errante
su peso más que tus hazañas seas.
¿No basta dar la causa, que deseas,
sin dar la espada? llévala delante
por las frígidas ondas, que bastante
será tu ausencia a que morir la veas.
Es más dura y cruel, si en tus enojos
imitas su crueldad para olvidarme,
no me dejes memorias por despojos.
¿Qué más espada quieres, que dejarme?
Vuelve la luz a tus hermosos ojos,
que basta su rigor para matarme.