Cae sobre el dragón que le ha mordido
el indiano elefante, y en el prado
muerde aquel mismo pie que le ha pisado
el áspid, a vengarse promovido.
Celoso el toro, con feroz bramido
desnuda el verde bosque, y el pintado
tigre se arroja al mar precipitado,
del fugitivo cazador vencido.
No es en las fieras y animales solos
a quien la ira del vengarse alcanza
con tal solicitud, fraudes y dolos;
que la mujer, sin admitir mudanza,
tiene su condición sobre dos polos
que mueven el amor y la venganza.