¡Ay, fuerte obligación! ¡Ay, honra, asida
a la virtud de un generoso pecho!
La justa resistencia que habéis hecho
en tanto amor, me costará la vida.
No sé si ya me siento arrepentida;
que contra amor no hay fuerza de provecho;
pero saldrá del alma su despecho
cuando el honor la posesión le impida.
¡Casada yo sin ti! ¡Triste suceso!
Imaginarlo sólo me desalma;
pero ya que en el alma estás impreso.
Él tendrá los despojos, tú, la palma;
que quien tiene en Argel el cuerpo preso,
tendrá por puntos en su tierra el alma.