Nace en Egipto el fiero cocodrilo,
que al peregrino llama en voz humana,
con que a su cueva y boca el paso allana
del que a seguido su engañoso estilo.
No lo es el llanto que por ti destilo,
ni porque de tu vida soy tirana,
que, aunque traigo vestidos de gitana,
nací en Medina, y no ribera el Nilo.
Peregrino del alma que te adora:
Lucinda soy, que, sin ventura, vengo
a decir a los hombres la ventura.
Dame, dame esa mano vencedora;
que si ventura de tomarla tengo,
su palma la victoria me asegura.