Sembrando en tu Arenal mis esperanzas,
¡oh Sevilla!, ¿qué fruto será el mío,
que ni del llanto bastará el rocío,
ni del ligero tiempo las mudanzas?
¡Oh, tú, que del ocaso al norte alcanzas
pensamiento menor que el desafío!,
si en el arena siembras de este río,
tu cosecha será desconfianzas.
Si comparas tu arena con mis males,
tú, ni la Libia, de montañas llena,
tenéis bastante copia de arenales.
¡Oh, principio terrible de mi pena!
Si en él son las arenas desiguales,
¿qué fin espero de sembrar tu arena?