Comparaba un discreto el casamiento
a un soldado que la plaza asienta
por regalarse en una y otra venta
al tiempo del sabroso alojamiento.
Llega a embarcarse lleno de contento,
porque el bajel que lleva le alimenta:
Métenle en un presido a buena cuenta,
donde pasa veinte años de tormento.
Cásase un hombre, y en sus alegrías
se ven también aqueste mismo daño;
pues por lograr sus locas fantasías,
del cuerdo ejemplo, o ya del necio engaño,
escoge un cielo de tan breves días
por el infierno de tan largos años.