Bellísimo animal parece el hombre.
Ninguno he visto que me agrade tanto.
Ya por su ausencia me provoco a llanto,
que no hay vergüenza que mi pecho asombre.
Dame licencia que te llame y nombre
Felipe mío, pues si a ver levanto
la vista al monte, todo causa espanto,
si no es el eco de tu dulce nombre.
¿Felipe? ¡Hola, Felipe! ¡Por los Cielos,
que aquella otra le detiene y tiene
entre los brazos, y esto llaman celos!
Pues, otra, que le dejes te conviene,
que iré a matarte si me dan recelos,
que por otra hermosura se detiene.