No importa bien nacidos pensamientos,
pues sois del dueño que os acoge honrados,
que andéis entre las gentes declarados,
si saben la verdad de mis intentos.
Que sólo a vuestros altos fundamentos
puede importar el ser tan envidiados,
que al sol de vuestras penas y cuidados
están los ojos de la vida atentos.
Yo quiero, y soy querida con extremo,
mude el desdén en diferente nombre,
en gusto la crueldad, el hielo en llama.
Ni burlo ya ni ser burlada temo,
que la mujer discreta escucha al hombre,
y primero le prueba que le ama.