¡Bien haya, Amor, el tiempo que he vivido
cautiva el alma, esclava la memoria,
pues he llegado a la mayor victoria
que enriqueció jamás cualquier sentido!
No puedo yo decir que fue perdido,
pues para el fin de mi dichosa historia
mi dulce pena transformaste en gloria
con el laurel a tanto amor debido.
¡Amor, vencí! ¡Victoria! Aunque no alcanza
el alma libertad, pues más adora
el bien, de que jamás haré mudanza.
Mas hay de diferencia en tu decoro
que, si de hierro son en la esperanza,
son en la posesión prisiones de oro.