Quedó toda mujer, por ley divina,
sujeta al hombre, y fue de Dios sentencia.
Perdió la libertad, la inobediencia;
que a estar sin ella su belleza inclina.
Con esto, algunas veces determina
romper el yugo, de su culpa herencia,
y, con sutil ingenio y diligencia,
oprimir los ingenios imagina.
Tal vez rinde sus gustos y placeres,
¡oh, libertad!, para que más te asombres,
los hombres de más varios pareceres;
tal vez sus letras, armas y sus nombres,
que es el mayor blasón de las mujeres,
siendo sujetas, sujetar los hombres.