Flora, aunque viva, para el mundo muerta,
Leonardo, yace en sí, sepulcro duro
de huesos, que el azogue mal seguro
tiene por alma para vida incierta.
La boca un tiempo manutisa abierta,
reliquias viles, derribado el muro
que la lengua cercó de marfil puro,
de toda vecindad está desierta.
Aunque a vengado a tantos ¿quién dijera
que aquella primavera se acabara,
y que tal sequedad le sucediera?
O frágil hermosura, ¿quién pensara
que el tiempo con el trato se atreviera
a ponerse las manos en la cara?