Iras de amor, estrellas enemigas,
leyes del gusto, fuerzas del deseo,
¿Adónde me lleváis? ¿Dónde me veo
al cabo de tan ásperas fatigas?
Y tú, cruel, que a tanto mal me obligas,
que lo estoy padeciendo y no lo creo,
porque me enlazas cuando no peleo,
y cuando me defiendo me desligas.
¿Dónde por tierra y mar llevas sujeto
un corazón tan flaco? Amor, advierte
que tienes de cobarde mal concepto.
¿Qué gloria esperas, si me das la muerte?
Mas ¡ay! que dijo bien aquel discreto,
que es sólo para amar la mujer fuerte.