Dejando el campo de Agramante, vengo
siguiendo a mi enemigo Mandricardo;
como albano león, cual tigre o pardo,
en el sustento apenas me detengo.
En estas esperanzas entretengo
la honra que cobrar tan presto aguardo,
aunque parezca al mundo que me tardo,
viendo el agravio y el valor que tengo.
No debe ser culpado quien no alcanza,
si parece remiso en el castigo,
cuando le huye el enemigo airado;
pero sepa quien culpa mi tardanza,
que sólo con buscar al enemigo
cumple su obligación el agraviado.