Parte, dulce sirena, en mis oídos,
seguro de que Amor me lleva atada
al árbol de la nave que, cargada
de fe, lleva a tu puerto mis sentidos.
Buen viento, pensamientos bien nacidos,
que ya se ve la tierra deseada
de laureles y olivas coronada,
si los celajes son celos fingidos.
Alborótese el mar en perseguirme,
que a sus peñascos mi paciencia excede,
para que Amor el premio me confirme.
Todo se mude; la fortuna ruede;
que quien tiene la fe por árbol firme,
ni se puede anegar ni olvidar puede.