La siempre excelsa, grave y gran coluna,
sobre cuya cerviz tan firme estuvo
la gloria de los Césares, que tuvo
en siete montes su primera cuna.
Contra la envidia opuesta a la fortuna,
que su rueda magnánima detuvo,
cuando del sol la línea de oro anduvo,
hizo de todas sus victorias una.
Esta, que fue de la ciudad sagrada
gloria y honor para mayor memoria,
a la casa de Enríquez se traslada.
Que sustentando en sucesiva gloria
los arcos de su máquina dorada,
será columna de inmortal victoria.