Enamorado está mi pensamiento
de sí mismo, juzgándose empleado
en los mayores méritos que han dado
los Cielos a mortal merecimiento.
Ya vence mi temor mi atrevimiento,
que amor, de la disculpa confiado
está de no tener determinado
los accidentes, si perderme intento.
Cuán suave cosa es la esperanza
de un bien de amor, que lo sustenta firme,
en tanto que el dichoso efecto alcanza.
Bien puede la fortuna perseguirme,
que harán los Cielos de su ser mudanza
primero que yo pueda arrepentirme.