¿A qué puede llegar mi desventura,
que aun no me dejan, Pedro de mis ojos,
licencia para dar tristes despojos
al sentimiento que en mis ojos dura?
Manda el poder que te aborrezca y jura
vengar en mis cuidados sus enojos;
que sabe que no hay bien para mis ojos
como adorar de tu alma la hermosura.
Piensa el poder quitarme, como es fuerte,
aquel amor que juntos profesamos;
mas con el alma quiero yo quererte.
Pedro, mi alma y yo te deseamos,
y los dos te queremos de tal suerte
que sola el alma y yo te idolatramos.