Concediendo el gran Júpiter las fiestas,
en que había convites celestiales,
por algunos servicios personales
a cualquiera animal cosas honestas.
Le pidió el caracol, las manos puestas,
que así lo escriben fábulas morales,
le concediese por servicios tales
que pudiese llevar su casa a cuestas.
Riose el buey, y díjole: ¿a qué efecto,
bestia infeliz, con general asombro
pides tan gran trabajo y desatino?
Y respondiole el caracol discreto:
Buey, yo me entiendo, que mi casa al hombro
mejor me mudaré de un mal vecino.