Claudio, después del Rey, y los tapices
de tanto grande y forastero incauto,
no tiene la jornada a ver el auto,
que te pueda escribir que solemnices.
Fue todo cortesanas meretrices
de las que pinta en sus Comedias Plauto,
anduve casto, porque ya soy cauto
en ayunarlas, o comer perdices.
Ya los ventores con el pico al Norte
andaban por las damas circunstantes,
que al recibir las cartas se da el porte.
Partiose el Rey, llevose los amantes,
quedó al lugar un breve olor de Corte,
como aposento, en que estuvieron guantes.