La hermosa Reina, que en su claustro santo,
guardó a los cielos el mayor tesoro,
y el virgen padre, que con tal decoro
sirvió a Dios hombre, a cielo y tierra espanto.
Dan a Teresa entre el sonoro canto,
aplauso y gloria del celeste coro,
con éxtasis del sol, un collar de oro,
y envidia de la luna, un blanco manto.
Llegó el fervor al límite que pudo,
y fue justo, pues son bien empleadas
tan ricas prendas en Teresa bella.
Que a quien del Carmen el antiguo escudo
renovó las estrellas eclipsadas,
diese sus joyas la mayor estrella.