Pensando que era flor una mañana
de Abril, meliflua abeja argumentosa
hizo mayor junto al jazmín la rosa
de la mejilla de la hermosa Juana.
Bajó al dolor, para sí sola humana,
lágrima de sus ojos amorosa,
bebió la herida aljófar, y celosa
en punta de zafir trocó la grana.
Juana, el cruel rigor de tus hazañas,
de tan pequeño mal tu pecho arguya,
pues tus ojos por él en perlas bañas.
Y si ha de ser la medicina suya,
píquenme avispas, áspides y arañas
por una de cristal lágrima tuya.