Aquí, donde jamás tu rostro hermoso
planta mortal, divina Dorotea,
toque atrevida, tu sepulcro sea,
sin columnas de pórfido lustroso.
El fénix yace en inmortal reposo,
no vuelva a renacer, ni el sol le vea,
construyéndole en vez de urna Sabea
mis lágrimas pirámide oloroso.
¿Mas que importa, si amor inmortaliza
el único milagro que deshace,
y a más eterno sol la pluma enriza?
Remedio inútil entre peñas yace,
si del alma, que abrasa en la ceniza,
infante fénix del difunto nace.