Si de la sombra de tu cuerpo santo
puesto en la cruz un bárbaro homicida
recibe luz para pedirte vida,
y vida eterna por tan breve llanto.
Si la divina fimbria de tu manto
salud concede a quien la tiene asida,
más es tenerte en celestial comida,
¡dichosa el alma que merece tanto!
No sombra de tu cuerpo, o fimbria tuya,
sino tu cuerpo mismo, ¿cuál efecto
hará en el alma, que a tu mesa llega?
¿Qué Reino pedirá? qué salud tuya,
que tú la niegues, si con dulce efecto
tan cerca te ama, abraza, goza y ruega?