Paso las negras aguas del Leteo,
pidiendo al reino del eterno llanto
su ya difunta esposa en dulce canto
el siempre amante en vida y muerte Orfeo.
Ganó el amor allí tan gran trofeo
que le volvió a Eurídice Rhadamantho;
no pudiendo estar sin verla tanto,
quedose con la sombra su deseo.
Dejo, Lisena, el arte con que mides
el Reino de Plutón de engaños lleno,
amor no es fuerza, voluntad se nombra.
Que si a tan bajos Dioses favor pides,
cuando pienses que tienes a Phileno,
podrás apenas abrazar la sombra.