No sabe que es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello;
tu cabeza es de oro, y tu cabello,
como el cogollo que la palma enrama;
tu boca, como lirio que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno, y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.
¡Ay, Dios! ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza, y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?
Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que una hora amando
venza los años que pasé fingiendo.