Levantareme de la seca tierra,
que pacen estos rudos animales,
¡o padre! a tus entrañas paternales,
de donde mi locura me destierra.
Iré al palacio, dejaré la sierra,
donde estos rotos míseros sayales
me trocarán en púrpuras reales,
que a nadie, que llamó, las puertas cierra.
Confesarele que perdido anduve,
y aunque temo el llegar, pues lo más verde
de mis pasados años me detuve.
Para que llegue basta que me acuerde,
que si perdí lo que de hijo tuve,
lo que tiene de padre no lo pierde.