Si amare cosa yo que Dios no sea,
y lo que de su amor también procede,
que en odio al cielo y a la tierra quede,
que así estaré, como sin él me vea.
¿Y qué mucho que el alma, que desea
e centro, donde sólo parar puede,
ame aquel bien, que todo bien excede,
pues no hay descanso que sin Dios posea?
Tú, Rey del cielo, que mi amor procuras,
serás el centro de las ansias mías,
de aquel eterno bien prendas seguras.
Son las del mundo breves tiranías,
que no merecen nombre de hermosuras,
sujetas al imperio de los días.