¡Hago testigos a estas verdes plantas,
a esta agua corrientes, a este suelo,
este sol, esta luz, y cuanto el Cielo
ha producido en primaveras tantas,
que de nuestra amistad las prendas santas,
rompo, obligado de tu falso celo,
traidor cristiano, de mi fuego hielo,
que a Marte infamas y al Amor espantas!
¡Aquí verás lo que a un honrado obliga
ser de un amigo bárbaro ofendido,
y que eres tú el alarbe, yo el cristiano!
¡Yo no soy, Meledón, quien te castiga;
el Cielo, sí, cuyo instrumento he sido,
porque él da la sentencia y yo la mano!