Esclavo de mis ojos, ya he sabido
que nunca te venció quien te lo llama,
que quien ama no calla a lo que ama
lo que callar mejor hubiera sido.
A vencerme viviste no vencido;
pero el traidor que así quiere tu fama
infamar, apagando aquesta llama,
¿me ha de ganar quedando tú perdido?
Luego a Bélmez me voy; pero pretendo
buscarte desde allí, cristiano. Espera
y no te hieles, pues por ti me enciendo;
que en hombre no ha de haber alma tan fiera
que, amándole, rogando y persuadiendo,
no se convierta de diamante en cera.