Silvio, ¿para qué miras las ruinas
de este edificio, fáciles victorias
del tiempo en largos años, cuyas glorias
con lágrimas parece que imaginas?
Estas columnas ya del sol vecinas
hojas son que rompió de sus historias,
ejemplo a las humanas vanaglorias,
que respetaron mal fuerzas divinas.
No mires piedras, donde vive y dura
reliquia alguna de este excelso templo;
mira, Silvio, de Filis la hermosura.
Que si te acuerdas como yo contemplo,
que fue dorado sol y noche oscura,
¿en quién podrás hallar tan buen ejemplo?