Pasaba el claro Eveno a Deianira
Neso Centauro, Alcides sin sospecha
en la contraria margen por la estrecha
senda del agua la contempla y mira.
Mas viendo que la fuerza, ardiendo en ira,
del arco venenoso se aprovecha,
toma el Centauro la sangrienta flecha,
y en estas voces últimas espira.
No fuera tan crüel mi airada suerte
si amara tu hermosura con modestia,
y del ser racional me aprovechara.
Ser hombre y bestia me causó la muerte,
que no te codiciara como bestia,
si con la parte superior te amara.