Soberbio un guante que se vio cordero,
porque cubrió feliz mano leona,
al sol se opuso, y de otro sol blasona
que blanca aurora le mostró primero.
Cayó del cielo, y discurrió ligero
desde la blanca nieve que corona
al suelo estéril de la ardiente zona,
entre leones para ser tan fiero.
Alzole amor, porque pensaba amante
volverle a Blanca, y díjole la diosa
Venus: «No se le vuelvas, ignorante.
No le cubras la mano poderosa,
pues mejor matarás quitado el guante,
con cinco flechas de su mano hermosa.»