Huid fieros espíritus, que tiene
seguras las espaldas con la llave
la hermosa virgen, que el peligro sabe,
y la defensa a la traición previene.
Madre divina, el instrumento suene
dulce y cruel a vuestro esposo grave
música tan alegre y tan suave,
que menos la del Ángel le entretiene.
Volved en jaspe ese marfil lustroso,
en rosa la azucena del Carmelo,
yen púrpura teñid el cuerpo hermoso.
Que si llevó con el humano velo
llave de sangre vuestro dulce esposo,
con la misma podéis abrir el cielo.