Para lucir misericordias tuyas
parece que nací, señor del cielo,
indigno soy de tu piadoso celo,
temblando estoy que en tu furor me arguyas.
Pero cuando me venzas y concluyas,
volviendo al polvo de mi patrio suelo,
y desatado del corpóreo velo,
mi fin a su principio restituyas.
¿Qué utilidad, qué gloria se te sigue?
Hombre nací, tu imagen es el hombre,
de bárbaro pincel dejé borrarme.
Mas cuando a renovar amor te obligue,
será mayor grandeza de tu nombre,
que te deba dos veces fabricarme.