La parte doce de los peces de oro
tocó la luna cándida de plata
en dignidad de Venus, que retrata
de mi ascendente el natural decoro.
Si ni en el mismo grado, o en el Toro
tienes el sol, no me serás ingrata,
indisoluble amor nos prende y ata,
y por aspecto celestial te adoro.
Verdad es, que no pueden las estrellas
vencer, bella Leonarda, el albedrío,
y que el hombre nació para vencellas.
Mas yo de lo que puedo me desvío,
y les permito que me venzan ellas,
así es honesto y dulce el amor mío.