Como es el sol la causa conficiente,
que forma con su propia fuerza el día,
tu honesto amor infunde al alma mía
dulce templanza de tu fuego ardiente.
Sin que ninguno rebelarse intente,
sujetan los sentidos su porfía,
que el cuerpo, a quien tu luz y virtud guía,
de cuanto no es el alma vive ausente.
Rendido al fin a la suprema parte,
no quiero aun con los ojos ofenderte,
más espíritu solo contemplarte.
Sin desearte yo, quiero quererte,
que si te quiero yo sin desearte,
dentro del alma no podré perderte.