Llevaba un ciego al hombro los despojos
de un cojo, cuyos ojos le guiaban,
y andando y viendo, a un tiempo se prestaban,
este al ciego los pies, y aquel los ojos.
Los dos de su fortuna los enojos
con amistad recíproca templaban;
los ojos con los pies del ciego andaban,
y él trocaba los pies por los antojos.
Así Firmio a Damón versos neutrales
en su cerviz incógnito dispone,
y andan entrambos en un cuerpo iguales.
Que este le da los libros que compone,
y el otro la vergüenza de ser tales,
que no sé cuál mayor trabajo pone.