Seyano, aleves culpas, graves penas,
valor piden a un pecho generoso;
o tenerle o morir, será forzoso,
o trasladar la patria a las ajenas.
Peligrosas aquí dulces Sirenas
mejores son que el ocio perezoso,
que es menos mal el golfo proceloso,
que solas en la playa las arenas.
Mas tú no vives solo, acompañado,
aunque tú fueras el opuesto polo,
de tu agravio, tu amor y tu cuidado.
Que quien está, desde que nace Apolo,
de tantos pensamientos ocupado,
¿cómo puede decir que vive solo?