Dulce fueras, amor, dulce y sabroso,
y lleno de placer en tus desvelos,
si no te dieran la pensión los cielos,
con que llegas a ser tan riguroso.
No fuera tu desdén dificultoso,
si sólo te quedaras en recelos;
mas cuando llegas a matar de celos,
no eres amor, sino traidor furioso.
Porque siendo tus partes tan divinas,
que con el curso de los cielos vuelas,
admites impresiones peregrinas.
Mas bien haces, si temes y recelas;
porque dicen, amor, que no caminas,
si celos no te calzan las espuelas.