Vireno, aquel mi manso regalado
del collarejo azul, aquel hermoso
que con balido ronco y amoroso
llevaba por los montes mi ganado;
aquel del vellocino ensortijado,
de alegres ojos y mirar gracioso,
por quien yo de ninguno fui envidioso
siendo de mil pastores envidiado;
aquel me hurtaron ya, Vireno hermano.
Ya retoza otro dueño y le provoca.
Toda la noche vela y duerme el día.
Ya come blanca sal en otra mano.
Ya come ajena mano con la boca
de cuya lengua se abrasó la mía.