¿Qué basilisco de mis ojos fieros,
suaves y risueños en miraros,
pudo ofender los vuestros y obligaros
a no comunicarme el bien de veros?
¿Qué nube os eclipsó, claros luceros?
Dejaos mirar si pretendéis vengaros;
mas ¡ay! que os imagino tan avaros,
que aun no daréis el mal de conoceros.
No merecen gozar ojos humanos
de un ángel bello que se tiene a mengua,
pero advertir para excusar enojos
que cuando huyáis los ojos soberanos
no habléis, que si ellos mudos tienen lengua,
la lengua hará el oficio de los ojos.