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1562–1635

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Lope de Vega

Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño, tú, que hiciste cayado de ese leño, en que tiendes los brazos poderosos.

Vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguirte empeño tus dulces silbos, y tus pies hermosos.

Oye, pastor, que por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres. Espera pues, y escucha mis cuidados,

¿pero cómo te digo que me esperas, si estás para esperar los pies clavados?

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