Hermosas aguas, puras, cristalinas,
que dais al cuerpo de estas fuentes venas
y hasta que os levantáis de perlas llenas
buscáis su centro por secretas minas.
Plantas que hacéis con esmeraldas finas
para seguridad verdes almenas
de fruto, que entre ramas siempre amenas
os hace con el arte peregrinas.
Oíd mis quejas, pero no conviene
quejarse un triste a libres arroyuelos,
ni a un árbol verde quien celoso viene.
Oígame el Cielo en sus azules velos,
pues por los celos, que de él nombre tiene,
dicen que el cielo se vistió de celos.