¿Qué es esto, que tan presto en la templanza
del mar sereno levantó las olas
de mi desdicha, y dos horas solas,
adonde al pensamiento el agua alcanza?
No puede en la fortuna haber bonanza,
porque tiene los pies sobre dos bolas.
¡Ay, nunca a las columnas españolas
llegará con mi nave mi esperanza!
Mas yo, que estoy en la tormenta fiera
y no hay tierra en que huya, aunque resulte
de esto mi muerte, es bien que espere y muera.
No importa que mi bien se dificulte;
que, si he de llegar muerto a la ribera,
mejor será que el golfo me sepulte.