¿Fortuna, que a Sevilla me trajiste
huyendo del rigor en que me hallaste,
en qué mar a las Indias me embarcaste
que con tal brevedad me enriqueciste?
Mas no es el fin del bien que le conquiste,
si de la posesión te descuidaste,
pues para más tristeza me alegraste;
que no hay alegre bien si el fin es triste.
No me des dichas para no gozallas,
no me des glorias para no tenellas,
ni el breve bien que en esperanzas hallas;
que no pudiendo asegurarse de ellas,
parece que es más dicha no alcanzallas
que vivir con el miedo de perdellas.