Yo me muero de amor, que no sabía,
aunque diestro de amar cosas del suelo,
que no pensaba yo que amor del cielo
con tal rigor las almas encendía.
Si llama la mortal Filosofía
deseo de hermosura a amor, recelo
que con mayores ansias me desvelo,
cuanto es más alta la belleza mía.
Amé en la tierra vil, ¡qué necio amante!
o luz del alma, habiendo de buscaros,
¡qué tiempo que perdí como ignorante!
Mas yo os prometo ahora de pagaros
con mil siglos de amor cualquier instante,
que por amarme a mí, dejé de amaros.