A la sangrienta imagen de su esposo,
de sus deseos celestial Cupido,
que vendido, vendado y escupido
le representa el caso lastimoso.
Al Dios de Amor, que en vez del arco hermoso,
con que firmó las paces ofendido,
tiene una caña vil, cetro fingido,
siendo igual a su padre poderoso,
Ora Teresa, y Dios le dice: Esposa,
de hoy más conversarás ángeles bellos,
que en vida celestial la humana cesa.
Pues si por quien tratáis, virgen hermosa,
se ha de sacar quien sois, y andáis con ella,
Dios nos dice que sois Ángel, Teresa.