Ay de mis pensamientos mal logrados,
ay de mis esperanzas mal nacidas,
un año vanamente entretenidas
en contentos de amor siempre engañados.
Arroje de mis brazos despreciados
un hombre que me cuesta tantas vidas;
y vuelven a dar sangre las heridas
viendo mi amor los celos declarados.
Mientras quien llora agravios no procura
ver la ocasión, en duda se defiende,
y del bien que merece se asegura.
Pero si el alma ve que quien la ofende;
goza de mayor gracia y hermosura,
y dale el guito y el amor se enciende.