Entro en mí mismo para verme, y dentro
hallo, ¡ay de mí! con la razón postrada
una loca república alterada,
tanto que apenas los umbrales entro.
Al apetito sensitivo encuentro
de quien la voluntad mal respetada
se queja al cielo, y de su fuerza armada
conduce el alma al verdadero centro.
La virtud como el arte hallarse suele
cerca de lo difícil, y así pienso,
que el cuerpo en el castigo se desvele.
Muera el ardor del apetito intenso,
porque la voluntad al centro vuele,
capaz potencia de su bien inmenso.