Tú, que para estudiar a Dios amores,
divino Archimandrita del desierto,
tuviste de altos árboles cubierto
por libros hojas y por letras flores.
Hallaste a soledades interiores
fuera de la ciudad camino cierto,
que mal se puede hallar tan descubierto
el monte del Señor entre señores.
Por zarzas fuiste a la divina llama,
en cuyo ejemplo ya de polo a polo
tantos soldados tu valor esfuerza.
Su Fénix hoy la soledad te llama,
por que de no ser Dios, quien fue tan solo
había de ser San Hilarión por fuerza.